¿Por qué un año sabático?

año sabatico

Era una tarde a finales de septiembre de 2014. Suena el teléfono celular.

Miro la pantalla.

Era Markus, que me llamaba por primera vez en el día, después de haber salido al trabajo a las 6 de la mañana.

Que no me llamara, era algo muy extraño, ya que siempre nos estamos comunicando, pero como hacia un tiempo estaba realmente con muchísimo trabajo, pues no lo quise interrumpir en nada su jornada. Deje que él decidiera el momento para mandarme aunque sea un whatsapp con ese mimo que siempre me hace: ¿qué tal va tu día cielo?

Agarro el celular y digo:

  • ¡Por fin!, ¿que pasó hoy en la empresa que no me llamaste?, le dije.
  • No te asustes mi amor, estoy bien, pero me encuentro en emergencias desde la mañana, me dijo, en un tono demasiado tranquilo.

Me paralicé. Sentí que la sangre no fluía más por mi cuerpo. Mi mente agitada intentaba escuchar con claridad. En esa microfracción de segundos, donde el todo se hace inexistente, necesitas pensar, pero por más esfuerzos que hagas, la desesperación se manifiesta en tu mente con miles de imágenes que lo hace peor.

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  • ¿qué te pasooooo?.
  • nada, nada, tranquila.
  • ¿Cómo nada?. Fuiste a emergencias a visitar el hospital o qué?. (Les dije, no pienso claro)
  • Los médicos me están haciendo pruebas. Tuve una descompensación, pero quédate tranquila, no fue un infarto.

Markus llevaba una vida dedicada 100% trabajo. Hizo una excelente carrera en una multinacional y hasta este momento parecía que la vida le sonreía por todos los lados.

Pero aquellos, que lo vivimos desde adentro, sabemos que no es así, que a cambio de esa vida soñada, siempre se entrega algo. Y Markus dejó todo su tiempo, energía, pensamientos, horas de sueño, fiestas familiares y hasta su propio cumpleaños para ayudar a la empresa alcanzar sus objetivos.

Para que se den una idea de cómo ha sido esto, las dos veces que me hice el test de embarazo con un resultado positivo, él estaba la primera vez en Praga y la segunda en Bangkok. Si, trabajo.

Toda la familia funcionábamos según las necesidades de la empresa, y juro que no me quejo, porque gracias a ese esfuerzo también hemos logrado muchas cosas maravillosas, pero en cierta manera yo veía delante mío como la bola de nieve iba creciendo y creciendo.

Las señales que nos daba la vida gritando : PAREN, eran demasiado obvias, pero a veces, no queremos verlas, las negamos porque así tiene que ser….

¿Tiene que ser?…

Hacía ya unos años que le decía:

  • Markus, tomate un año sabático, es solo un añito. Vámonos por ahí con las chicas. Necesitas tiempo para vos y para tu familia. No podes seguir así, te vas enfermar.

Y las respuestas eran siempre las mismas:

  • No, ¿y mi carrera?. Con el tipo de trabajo que tengo es imposible hacer algo así.

Hasta que ese día en la sala de emergencias debido a un pico de estrés, pudo recapacitar.

Cuando volvió a casa, tuvimos una charla profunda. Donde nos conectamos desde el amor que nos tenemos, intentando encontrar una solución lo más sana posible para toda la familia, pero principalmente para él.

Y fue ahí que finalmente decidimos hacer una pausa en la vida.

Salirnos de todo lo conocido, del confort, de los lujos, de la vida a toda velocidad, para volver a encontrarnos con nosotros mismos.

La decisión ya estaba tomada. No sabíamos cómo lo íbamos hacer, ni cómo empezar…pero un cambio muy grande se empezaba a gestar.

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Esa mirada gris de preocupación, que Markus siempre tenía, empezó a transformarse en esperanza. Claramente, ahora, el Sol, nacía desde adentro.

Y yo, me sentí aliviada, porque en el fondo de mi ser sabía que era la decisión acertada.

Ahora, nos esperaban otros desafíos, porque moverse fuera de la zona de confort, provoca muchas emociones…pero eso, se los cuento en otro post 😉

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Carolina Farah

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